Este sábado 8 de febrero, el grupo de caminantes de La Bañeza y Comarca llevó a cabo una nueva etapa del Camino de Salvador, considerada por muchos peregrinos como la más exigente de la ruta.
La jornada comenzó en La Bañeza, con destino a Poladura de la Tercia. Las previsiones meteorológicas no eran favorables, lo que generó cierta preocupación entre los participantes. El día anterior había nevado y se esperaban temperaturas extremadamente bajas, pero, a pesar de ello, el grupo decidió continuar con la travesía.

Al llegar a Poladura, el paisaje estaba completamente cubierto de nieve y el termómetro marcaba -6°C. Afortunadamente, el sol acompañó la caminata. Antes de iniciar la etapa, los caminantes se tomaron una fotografía grupal y emprendieron la ruta, enfrentándose a una pronunciada subida que les dejó sin aliento. La nieve dificultaba el avance, obligándolos a sortear zonas heladas.
Tras superar la primera gran ascensión, el grupo se adentró en una extensa pradera donde, en ocasiones, se hundían hasta la rodilla en la nieve. Posteriormente, el camino volvió a inclinarse hacia arriba, y en la distancia apareció la Cruz del Salvador sobre un risco, marcando el siguiente objetivo. La última parte de la subida resultó especialmente empinada y resbaladiza, pero finalmente todos lograron llegar. Desde allí, aprovecharon para hacer una breve pausa y disfrutar de las impresionantes vistas antes de iniciar el descenso por un hermoso valle.

Más adelante, la ruta llevó al grupo a cruzar un arroyo y enfrentar una nueva subida, alcanzando así la segunda mayor altitud del día. Desde la cima, hicieron una breve parada para admirar el paisaje nevado antes de descender hacia Arbas del Puerto.
Al llegar a una gran pradera que los separaba de la carretera, la nieve dificultó nuevamente el trayecto, provocando algunas caídas entre risas. A lo lejos, la Colegiata de Santa María de Arbas marcaba la proximidad del final de la etapa.
Finalmente, el grupo alcanzó la carretera y, con un ánimo renovado al dejar atrás la nieve, recorrió el último kilómetro hasta el antiguo parador. Ya en territorio asturiano, aprovecharon para descansar y disfrutar de una cerveza antes de subir al autobús que los llevó a Villamanín, donde almorzaron en el reconocido restaurante Ezequiel.
Así concluyó una jornada desafiante pero gratificante, marcada por la belleza del paisaje y la dureza de la nieve, dejando en los participantes inolvidables recuerdos de esta aventura.












