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Reportaje| El Antruejo Perdido: Memorias y tradiciones del Carnaval en las Comarcas Bañezanas

Llegados los días del carnaval no son pocas las localidades que han recuperado o recreado, con mayor o menor fortuna, las tradiciones propias de estas fechas. A pesar de la gran fama que han cogido estas celebraciones, apenas existen estudios serios y rigurosos sobre cómo se llevaron a cabo hasta mediados del siglo XX, por lo que muchas de ellas cayeron en el olvido hasta finales de siglo, cuando se han ido recuperando en una importante labor que llega hasta nuestros días.

En las comarcas bañezanas, en cuya capital el carnaval es una de las fechas más destacadas del calendario, solamente en Alija del Infantado se ha vuelto a celebrar con sus personajes tradicionales el antruejo, pues este era el nombre tradicional que recibían las fiestas que tratamos.

Allí hacen su aparición en estos días los jurrus, aunque en la actualidad cualquier parecido con la celebración tradicional es pura coincidencia, adquiriendo un cariz difícilmente comprensible y explicable. Vamos a presentar en este artículo, unos antruejos con sus personajes y rituales hoy completamente perdidos y difícilmente recuperables por la despoblación, pero que afortunadamente se han podido documentar y publicar con testimonios, fotografías, etc. Algunos de ellos aparecen en el libro Memorias Abiertas: Tradición cantada y relatada en Quintana del Marco y Genestacio de la Vega.

En la pequeña localidad de Genestacio de la Vega se celebraron hasta mediados del siglo XX.

Aunque algunas figuras como el toro pervivieron hasta los años 80, hoy solamente ha sobrevivido la comida del escabeche que hasta hace unos años iba precedida de una “yera”, denominación que reciben en la zona las hacenderas o trabajos comunales de poda de árboles, limpieza de calles, solares, etc.

Tiempo atrás, el autor acudió a algunas de las vecinas más longevas para conocer detalles sobre los personajes y los ritos. Así explican el toro algunas de ellas y anécdotas relacionada con este: En los carnavales se vestía el toro con un esquilín que, según lo oías te guardabas, pero ellos eran gandules, como vieran que tenías miedo se guardaban detrás de una esquina y el esquilín no lo dejaban tocar, y al poco rato allí los tenías. Eran los quintos, iban los quintos y las quintas, los quintos de toro y torero, como había tantos iba uno de toro y el otro el torero, eran dos toros.

Y a una señora que le llamaban Bárbara […] esa señora le tenía un miedo a los toros, ¡Ay
que miedo le tenía! Pero los toros la esperaban, la esperaban porque se guardaban y a lo
mejor decían: ¡Bueno que ya se desarmaron los toros! Cuando al poco momento se
presentaba el toro en la plaza detrás de ella. -Odila Rubio.
Tenían una lata por cada lado, palos así paralelos, pero armaban y después para adelante
unas mullidas muy guapas así bordadas de rojo y eso, de las vacas y de los bueyes, se la
ponían así adelante a la cabeza y con los cuernos por cada lado, y después las sábanas,
blancas, las cosían una a la otra, llegaba abajo, se veían algo los zapatos, y la cola del toro,
con el rabo del ganado allí atrás y un campano al cuello. Llamaba la atención,
impresionaba. -Ramona Almazán.
El toro eran dos varas, y tenían el cuerno y atrás le ponían un rabo de un ganao que hubiera
muerto y le ponían una sábana blanca por encima y después le pasaban unos hilos
alrededor de los palos pa que no se fuera. Llevan un esquilín y las mullidas por delante,
eran preciosas las hacían como de estameña de los manteos, pero todo con dibujos. La
gente rica tenía de eso, les ponían a los bueyes. -Rosa Rubio y Amalia Ramos.

Estos toros, vacas o vaquillas -dependiendo de la población-, de origen antiguo y todavía poco claro, aparecen en gran parte de la Península Ibérica en fechas invernales, desde la festividad de San Sebastián a los carnavales, relacionados con la mocedad en la mayoría de las ocasiones. De los dos que se vestían en Genestacio, tan bien descritos por nuestras informantes, hemos podido ver el armazón de uno de ellos, aunque las sábanas originales se cambiaron por una tela negra.

En cuanto a las mullidas a las que se refieren, que en otras localidades cercanas como Alija reciben el nombre de “cerras”, son unas piezas de estameña, de forma trapezoidal, generalmente de color bordadas en lanas o decoradas con picados en paño de otro color, talcos, etc. Con ellas se engalanaba el ganado los días importantes de siega o vendimia.

Junto con ellos, iban los toreros, cuyo distintivo era el traje a la moda antigua, con prendas ajustadas como las bragas -pantalones-, o chaquetillas cortas. De nuevo, el vestir los trajes tradicionales en fechas de carnaval era otra tradición con gran arraigo en muchos puntos de la Península; es esta una posible explicación a esta forma de vestir, aunque por otro lado, la misma moda es la que siguen llevando los toreros en sus trajes de luces, por cuyo parecido también pudieron escogerse estas prendas para aproximarse más a la figura del torero.

También las mozas vestían los manteos rojos en este día. Es habitual en lugares donde abundó la indumentaria tradicional reservar ciertos colores para ciertos días, siendo el rojo o colorado uno de los más llamativos para lucir este día. Un detalle anecdótico es el “pañuelín” que los mozos quitaban a las mozas para que después estas obtuvieran el permiso de sus padres e ir a recuperarlo a la taberna donde se hacía baile.

Junto con estos, era costumbre que pusieran los pañuelos “de Tiber”, de lana merina con estampados, tenidos por más antiguos que los pañuelos del ramo o de manila. Otra prenda del vestir antiguo que se recuperaba estos días eran las enguarinas, una especie de casaca con mangas, una prenda antigua e interesante que en otros lugares se vestía en lutos, labores de pastoreo, etc.

Los toreros se ponían de esas bragas que llevaban antes, y unas chaquetillas de estas que
van ajustadas y llevaban eso. Toreaban con un trapo.
Y las quintas iban vestidas de manteos y llevaban una cesta, y después cuando ya se
terminaba, por la tarde empezaban a tirar por allí paja o así. Pal día carnaval el manteo
rojo, siempre el manteo rojo el día carnaval. -Odila Rubio.
En el molino ese de arriba que está allí parao, que ahora nadie… Allí estaba un matrimonio,
ella ponía un manteo pajizo y él ponía unas bragas, ese día preparaban una escena que pa
qué, había mucho.
Iban los hombres todos para la plaza al frontón, con las enguarinas, y después venían y
con un carro de esos que van na más con los palos, los ponían en el carro y pa casa de la
tía Sebastiana, pa ahí los llevaban, le llamaban la taberna, y a la noche se iba pa ahí, y a
las mujeres nos quitaban un pañuelín y con la cosa del pañuelín, íbamos a la noche para
allí y ahí preparaban baile… -Ramona Almazán.
Nosotras nos poníamos los manteos y nos pintábamos mucho, muy guapas nos
poníamos y el día después era la ceniza y claro, la pintura de los labios no se nos quitaba
y venga a frotar los labios pa ver si se quitaba la pintura, no es como la de ahora que se
quita, aquella no se quitaba… Y los carrillos, todo pintado.
Y los críos pequeños estábamos deseando… Nos vestían con un mantolín, un gorro un
mantón… el gorro aquel que ponían de los bautizos, aquella gorra a los pequeños, así se
divertía uno… - Ramona Merillas y Odila Rubio.

Otras de las figuras con las que se disfrazaban eran los paparrajos, todo lo contrario a la elegancia de las mozas o quintas que vestían las mejores galas. Estos eran vestidos por hombres, metidos en sacos llenos de hierva o paja:

Los paparrajos se metían en los sacos con hierba y bueno no te digo como estaban…
metía miedo.Y me acuerdo del tío Vito, que se puso un saco lleno paja o hierba y se metía
por la cuneta. Se llenaba un saco grande de paja o hierba y se metían allí y luego se
tapaban la cara y no los conocías. -Ramona Almazán
Y los paparrajos no se vestían de nuevo, se metían en un saco de paja, los revolcaban los
toros por el suelo, o un saco de hierba. - Odila Rubio

Junto con los propios personajes van ligados otros rituales, como esparcir la paja entre el público, el arado y la siembra de la plaza por parte de los toros y las quintas, la subida en el carro de la justicia, la recolección de chorizos y embutidos por parte de los quintos, el propio baile, etc. A continuación, dejamos las transcripciones de las grabaciones sobre los mismos:

Al atardecer los toros antes de desarmarse les enganchaban un arado, ¿no te acuerdas?
Y los hacían ir haciendo que araban, eran enganchaos los dos toros a un arao detrás y
hacían que araban y las quintas que sembraban, vestidas de manteos, el colorao, ese día
ponían el manteo colorao y los mantones que hubiera, no el del ramo, el de Tiber.
Después por la tarde cuando ya se terminaba el carnaval, llevaban un carro, montaban a
la justicia en el carro pa en casa el señor Hermenegildo, al escabeche, era la taberna. Allí
iban todos los paparrajos por la noche a comer escabeche, y allí no se enfadaba nadie,
toda la gente contenta. Y después yo eso ya no lo vi, pero me contaba mi padre que más
antes el día de carnaval por la mañana ya toda la gente, como sabía que salían los quintos,
todas las puertas estaban abiertas, entonces no se cerraban las puertas. To la gente
echaban algo más, dicen que la choriza gorda del culo, se hacían piquillos y toda la gente
solía echar un piquillo de esos al cocido, porque sabían que entraban los quintos a la casa
y sacaban el chorizo, pero nada la gente tan contenta porque ya era una costumbre.
Primero estaban los toros, después había baile, primero cuando estaban los toros no
había baile, el baile era después de los toros. -Odila Rubio

Cada uno de los personajes y rituales, incluso las actitudes, repetidos a lo largo y ancho de la Península en diferentes celebraciones, especialmente invernales, y con una rica simbología relacionada con la fertilidad y la regeneración de la naturaleza darían para una extensa monografía.

En este sencillo artículo hemos querido simplemente dejar constancia de los mismos en esta pequeña localidad leonesa, con unos valiosos testimonios orales y gráficos que gracias a los informantes hacen que estas celebraciones no se pierdan en la memoria y sirvan para el estudio riguroso de las celebraciones del carnaval o antruejo antiguo, hoy especialmente de moda en muchos lugares y a los que se dedican no pocos congresos y encuentros.

Reportaje de Jose Luis de las Heras Alija.

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