Ni la lluvia pudo empañar este Miércoles Santo la centenaria tradición del Santo Potajero, que cada año organiza la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad de La Bañeza.
Desde primera hora de la mañana, los actos comenzaron con una misa en la capilla de la cofradía, seguida por la tradicional procesión de la imagen del Santo Potajero, llevada a hombros por niñas y niños, quienes se turnaban en cada tramo del recorrido. Un gesto cargado de simbolismo y emoción que, además de mantener viva la costumbre, une generaciones enteras en el recuerdo y la devoción.
Al acto asistieron diversas autoridades, entre ellas representantes de la corporación municipal, el subdelegado del Gobierno Héctor Alaiz Moretón, el vicepresidente de la Diputación de León Roberto Aller, el diputado Emilio Martínez, el presidente de las Cortes de Castilla y León Carlos Pollán y el delegado territorial de la Junta en León, Eduardo Diego.
Antes del esperado reparto del potaje, el sacerdote Álvaro Lobato ofreció una oración por los miembros de la cofradía, tanto presentes como ausentes, y procedió a bendecir el guiso al son del tradicional cántico popular:
«Santo Potajero,
lléname el puchero,
llénamelo más,
que está por la mitad.»
A pesar de los chaparrones intermitentes, cientos de personas aguardaban pacientemente su turno, fiambrera en mano, para recoger una ración del ya famoso potaje. Este año, la cofradía preparó comida para más de 4.000 comensales, con un guiso elaborado a base de 300 kilos de garbanzos, 210 de bacalao y 120 de arroz.
El Santo Potajero es una tradición profundamente arraigada en La Bañeza, cuyos orígenes se remontan al siglo XVII, cuando la cofradía comenzó a repartir comida entre los más necesitados y los presos. La antigua capilla, hoy declarada Bien de Interés Cultural, fue el lugar donde empezó esta muestra de solidaridad, que perdura hasta nuestros días como un símbolo de unión, fe y generosidad.


































