El grupo de caminantes de Monte Urba prosiguió el pasado sábado su andadura hacia Santiago de Compostela, recorriendo una nueva etapa del Camino Francés entre Morgade y Portomarín. La jornada comenzó temprano, como ya es tradición, con la salida a las 7 de la mañana desde El Salvador en transporte propio.
Tras llegar a Morgade, los caminantes disfrutaron de un reconfortante café con croissant antes de comenzar la ruta. El lugar ya bullía de actividad con más de un centenar de peregrinos, entre los que destacaban grupos de jóvenes procedentes de institutos de Jerez de la Frontera y Badajoz, que iniciaban su camino desde Sarria.
El recorrido, atravesando verdes prados y bosques, llevó al grupo hasta el río Miño tras un prolongado descenso. En el área de descanso conocida como “La Parada”, compartieron bocadillos y refrescos en un ambiente de camaradería. Poco después, cruzaron el emblemático puente sobre el embalse de Belesar, bajo cuyas aguas se halla sumergido el antiguo pueblo de Portomarín.

La llegada a Portomarín fue un momento especial para el grupo. Allí visitaron la Iglesia fortaleza de San Nicolás, reconstruida piedra a piedra tras el traslado del antiguo casco urbano. Este templo románico, con su imponente torre almenada, perteneció a la Orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, posteriormente conocida como la Orden de Malta, y estuvo dedicada a la defensa y auxilio de los peregrinos. También fueron rescatados del embalse la Iglesia de San Pedro, del siglo XII, la Casa del Conde y el Palacio de Berbete.
Como colofón a la caminata, los miembros de Monte Urba ascendieron las históricas escaleras de piedra que conducen al corazón del pueblo, y tuvieron la oportunidad de saludar con afecto al antiguo alcalde Eloy, gran amigo del grupo, quien en años anteriores les ofreció alojamiento y apoyo incondicional. Eloy participó en 2007 en la Semana del Peregrino celebrada en La Bañeza, donde dejó una grata huella.
A las cinco de la tarde, el grupo regresó en autobús con el ánimo alto y el recuerdo de una etapa entrañable, marcada por la unión, la historia y la belleza del Camino. Una jornada más que quedará grabada en la memoria de Monte Urba.











