Un grupo de antiguos alumnos del Instituto Ornia de La Bañeza celebró el 50 aniversario de su entrada en 1º de BUP, recordando aquel otoño de 1975 en el que dejaron la EGB para estrenar un nuevo sistema educativo. El reencuentro, lleno de emoción y memoria compartida, incluyó visitas a las aulas, una placa conmemorativa y una comida con algunos de sus profesores, en un homenaje a la amistad, la ilusión y las conversaciones que siguen vivas medio siglo después.
El B.U.P. (Bachillerato Unificado Polivalente) era una etapa de enseñanza secundaria postobligatoria española, regulada por la Ley General de Educación de 1970, que sirvió como antesala al COU para el acceso a la universidad.
A través del siguiente texto, Cristina González Suárez ha querido expresar el sentir de todos ellos:

50 PRIMERAS CONVERSACIONES (Elogio a la MEMORIA, 1975-2025)
A todos nosotros, eternos adolescentes, que hace 50 años abandonamos la EGB para echarnos a los brazos del primer 1° de BUP, un nuevo sistema educativo. A todos y cada uno de nosotros quiero referirme en estas líneas.
Por aquel entonces, a nuestros rostros asomaban la ilusión y las ganas, una pizca de temor quizás también, por qué no decirlo, pero por encima de todo, la avidez de futuro. Nos encontramos en las aulas del instituto de La Bañeza y, con restos de infancia aún entre las manos, comenzamos nuestra primera conversación compartida. Todos y cada uno de nosotros, tal y como reza el inmortal verso de Jaime Gil de Biedma, en esas aulas comenzamos a ‘llevarnos la vida por delante»… Cada uno a su modo, a su ritmo y en su particular devenir de circunstancias, hemos transitado 50 años desde aquel otoño de 1975.
Pero lamento disentir con J. Gil de Biedma en su famoso poema titulado «No volveré a ser joven». Porque nosotros, por obra y gracia de nuestra voluntad y entusiasmo, hemos conseguido VOLVER.
El pasado viernes, 1 de agosto del 2025, gracias a la amable acogida de Sonia y Cristina, actuales directora y jefa de estudios respectivamente, VOLVIMOS a pisar el mismo suelo, recorrer los mismos pasillos, subir y bajar las mismas escaleras y, sobre todo, abordar algún aula en la que, de forma perentoria, improvisada y casi mágica, sentimos la necesidad de sentarnos, mirarnos y, simplemente, VOLVER a conversar.

«Dejar huella» queríamos y así lo hicimos en forma de pequeña placa conmemorativa. Y conversando continuamos el domingo 3 de agosto, cuando -50 años más tarde, jóvenes con la inocencia de la primera vez- compartimos anécdotas, chascarrillos, risas…. en una emotiva comida en la que contamos con la asistencia de algunos de nuestros referentes, nuestros profesores. Qué inmensa suerte que quisieran VOLVER a acompañarnos.
Renació la ilusión y el deseo de que nunca acaben nuestras conversaciones. Y así será, lo vaticino en nombre de ese sustantivo femenino que es la todopoderosa memoria. En primer lugar individuales y después selectivos, los recuerdos nos sumergieron en profundas aguas de memoria colectiva, donde, una vez devueltos a la superficie, su efecto sanador nos permitió encontrarnos con nosotros mismos. Los auténticos, los de entonces, los de siempre.









