InicioCOMARCAReportaje| El pueblo que perdió un símbolo en señal del progreso

Reportaje| El pueblo que perdió un símbolo en señal del progreso

Pasó inadvertido en 2025 el 50 aniversario de la construcción del puente que une los dos barrios de Quintana del Marco, en León. Una obra de ingeniería que vino a sustituir un histórico puente pétreo, mal llamado romano, pues ni en la forma ni en el modo de construir se asemejaba a los puentes conservados construidos por Roma.

La construcción sencilla, que salvaba el río Jamuz, en boga hoy por las crecidas de este lluvioso invierno que han obligado a los vecinos y especialmente a los agricultores, otra vez, a tomar riendas en el asunto y eliminar las paleras caídas al cauce, que la corriente arrastraba haciendo presas que hacían temer las desastrosas riadas como las ocurridas en diciembre del año 1989.

La vieja obra, seguramente medieval al igual que el castillo, había permitido durante siglos el paso de vecinos, ganados y carros entre ambos barrios, contando con seis arcos apuntados y dos rectos en la parte más cercana al barrio del Salvador, en la margen derecha del río.

A pesar de no ser una obra ambiciosa ni monumental, contaba con el gusto estético propio de los trabajos del pasado y varios siglos a sus espaldas que hacían de él uno de los elementos históricos más reseñables del lugar, además de ser un símbolo más para sus habitantes, presente en la vida cotidiana y también nombrado en composiciones propias del folklore, como aquel canto de bodas en el que se decía “Tente puente, tente puente, deja pasar el encrenque, el encrenque ya pasó y el puente no se cayó”, apuntado ya a los síntomas de enfermedad que presentaba el paso del tiempo y el continuo uso del mismo.

Desgraciadamente, con la necesaria llegada de los nuevos vehículos a motor y de grandes dimensiones, especialmente los tractores en un pueblo eminentemente agrícola, el puente no fue capaz y desde principios de los años 70 se buscaba una solución al asunto, solución que pasaba por el derribo del mismo y la construcción de uno nuevo más grande y adecuado para los nuevos tiempos.

A partir de 1970 comenzamos a encontrar noticias de la preocupación de la corporación municipal por el mal estado del mismo y su ineficacia para el paso de vehículos de gran peso y dimensión, que se veían obligados a pasar por un vado en el río junto a él, y del peligro para los peatones de una villa que entonces alcanzaba los 1000 habitantes.

El proyecto de construcción del nuevo puente, redactado en 1972 por el ingeniero de caminos Eduardo López Fernández, en colaboración con el Ayudante de Obras Públicas Vicente Lisalde López, informa de la situación poco favorecedora del mismo, haciendo la siguiente breve descripción del mismo: 

Situación actual: el río Jamuz pasa por el centro del pueblo y no existe más paso de vehículos que un puente muy antiguo y estrecho, sin barandillas de ninguna clase, constituido por una serie de 6 arcos de mampostería muy irregulares y de luces desiguales que oscilan entre 2,70 y 3,70 metros, con rasantes en lomo de asno muy acusado. El ancho entre los paramentos exteriores de los tímpanos es de 3 metros, lo que hace sumamente peligrosa la circulación de peatones en el caso de cruce con un vehículo.

El estado de conservación del puente es muy deficiente, pues tiene los tímpanos en desplome y los arcos muy deteriorados, lo que hace imprescindible la sustitución por otro que permita la circulación de vehículos y peatones en las adecuadas condiciones de comodidad y seguridad. Los peatones pueden pasar, aunque dando un rodeo, por una pasarela construida aguas abajo, pero los tractores y los carros vadean el río cuando las aguas están bajas”.

El proyecto, sin ninguna reclamación, se aprobó definitivamente en la sesión extraordinaria del 24 de septiembre de 1974. Para la construcción de la nueva obra el Ayuntamiento, presidido entonces por D. Emilio Alija, contó entre otras, con un anticipo de la Diputación que dio 600.000 pesetas, también de lo resultante de la venta de la antigua casa consistorial, 250.000 pesetas, que se trasladó por entonces a su ubicación actual, y de la contribución especial, en la que se recaudaron 604.649 pesetas, ayudas también de la Hermandad de Labradores y Ganaderos, etc. 

Para esta contribución especial, aprobada en octubre de 1974, por cada vecino del pueblo se debían aportar 600 pesetas, 350 por cada hectárea “ya que se consideran especialmente beneficiadas las fincas al tener un mejor acceso a las mismas por el puente que se construya”, y por vehículos “de tracción mecánica y animal, por estimar que aparte del beneficio que se supone se consideran elementos necesarios de las fincas”, 500 pesetas cada uno. Finalmente, la obra fue adjudicada al contratista D. Luis Carnicero Alba quien hizo una oferta de 1.454. 649 pesetas, un 55,4% más del presupuesto primitivo, debido al aumento del coste de los materiales que tuvo lugar entre 1972 y 1974.

La nueva obra, realizada en hormigón en un estilo que podríamos calificar de brutalista, no carece de cualquier ápice de esteticismo, un en un río encauzado tiempo después por los problemas que ocasionaban sus crecidos. Una mole gris que sustituyó a los marrones de las piedras de sillarejo, aunque, eso sí, cumple la función para la que fue creada para que pasen por ella toda clase de vehículos y personas sin el peligro que el anterior presentaba.

Reportaje de José Luis de las Heras Alija

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