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REPORTAJE| El arte que despierta en Semana Santa: Villacé y Villoria, guardianes de una tradición centenaria

Los pueblos de Villacé y Villoria de Órbigo siguen colocando en sus templos sus centenarios monumentos.

Desde la misa del Jueves Santo hasta los oficios del Viernes, el Santísimo queda reservado en el “monumento”. Una arquitectura efímera que se coloca en los templos desde la Edad Media y que era realizada con doseles y arquetas de madera policromada, muchas de gran calidad.

Durante el siglo XIX proliferaron por muchos de nuestros pueblos unos monumentos específicos, con arquitecturas fingidas simulando templos clásicos o góticos, como los dos ejemplos que tratamos, pintadas sobre sargas por artistas populares, con escenas de la Pasión y representaciones de profetas, ángeles, soldados, etc.

Estas arquitecturas se colocaban sobre el altar mayor los días previos al Jueves Santo y debían desarmarse el Sábado Santo para la Vigilia Pascual. Su significado ha variado a lo largo de los años, desde el ensalzamiento de la Eucaristía que instituyó Cristo en la Cena del Jueves Santo, hasta el sepulcro alegórico de Cristo, y es por ello que en ocasiones aparece una simulación del mismo en la parte central que hace las veces de sagrario, como ocurre en el caso de Villacé, custodiado además por ángeles y los sayones con sus casos, lanzas y escudos.

A partir de la segunda mitad del siglo XX fueron dejándose de colocar en la mayoría de nuestros pueblos, la despoblación, el desinterés, la mala conservación y algunas reformas litúrgicas fueron el motivo de que muchas estas tramoyas fueron quemadas, vendidas a anticuarios, o que todavía permanezcan olvidadas en trasteros y paneras.

Muy pocos son los pueblos que siguen colocándolas en nuestra provincia. Entre ellos destacan, por su tamaño y espectacularidad, los monumentos de Villacé y Villoria de Órbigo, dos pequeñas localidades en las que sus vecinos se afanan en no perder está costumbre y bien merecen una visita en estas fechas.

VILLACÉ

El más antiguo de los dos es el de Villacé. Datado en el año 1867 y realizado por un pintor del cual solamente conocemos el nombre, Tirso. Este realizó el gran monumento que cubre el retablo mayor de la iglesia parroquial, que debido a todas las piezas artísticas que atesora es Bien de Interés Cultural.

En el primer arco que vemos aparece la escena de la presentación al pueblo, con Pilatos, señalando a Cristo con la iconografía de “Ecce Homo” en un balcón clásico fingido, como fingidas con las bóvedas de crucería del segundo lienzo o los arcos del tercero.

A los lados aparecen los sayones ya mencionados y personajes del Antiguo Testamento como David y Daniel. Sobre el sepulcro donde se ubica el sagrario lloran dos personajes femeninos ¿Las Marías? ¿dos virtudes? Y se remata todo ello con la alegoría de la Fe.

VILLORIA DE ÓRBIGO

Por otro lado, en Villoria de Órbigo, en el año 1893, Antonio Sastre, polifacético artista de Mansilla del Páramo, realiza el monumento para la parroquia de la localidad por encargo del párroco Tomás San Román, como reza en la trasera de una de las sargas que lo componen.

Es muy similar al anterior, con el balcón de Pilatos coronando la composición y de nuevo personajes del Antiguo Testamento a ambos lados. En este caso no aparecen referencias al sepulcro. Y también es la Fe la que corona la composición.

Se completa con unas escaleras donde entre motivos vegetales aparecen los Arma Christi. En este caso su sentido está más vinculado con la Institución de la Eucaristía, por ello se completa con un cuadro de la Última Cena.

Para el montaje de ambos monumentos se emplean varias horas de trabajo y es necesario un buen número de voluntarios debido al tamaño y el peso de las piezas que los componen, estas personas era habitual en el pasado que recibiesen un refresco o salario por parte de la Iglesia, gastos que quedan reflejados en los libros de cuentas de las mismas.

Su colocación se lleva a cabo gracias a un sistema de poleas, comenzando desde la última dimensión hasta la primera. Subiendo primero el fondo de nubes y ángeles, continuando con los arcos y bóvedas fingidas y terminando por las columnas y hornacinas laterales con imágenes de los profetas y los “judíos” o “sayones”, que van unidos mediante listones de madera y clavijas. Cada pieza debe encajar perfectamente con las demás para que toda la arquitectura quede bien dispuesta.

Villoria de Órbigo
Villacé

Desde entonces y hasta el presente puede disfrutarse en ambos pueblos estas tramoyas que lucen en todo su esplendor la tarde del Jueves Santo desde que finaliza la misa de la Cena, decoradas con velas y flores y hasta la tarde del Viernes Santo.

Reportaje de José Luis de las Heras Alija

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