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Víctor Santos convierte el dolor de los incendios en poesía para recordar a Abel Ramos y Jaime Aparicio

El profesor y escritor de La Bañeza, Víctor Santos Vázquez, ha querido rendir un emotivo homenaje a todas las personas que sufrieron las consecuencias de los devastadores incendios que asolaron la provincia de León y, de manera especial, las comarcas bañezanas.

A través de un poema titulado “Llanto del monte dormido”, el autor pone voz al dolor del paisaje y de quienes intentaron frenar las llamas. El texto está dedicado en memoria de Abel Ramos y Jaime Aparicio, que perdieron la vida tratando de evitar que el fuego alcanzara el pueblo.

Con versos cargados de fuerza y desgarro, Santos transmite la impotencia ante la magnitud de la tragedia y la esperanza en la resistencia de la naturaleza y de las comunidades que la habitan. “He visto de nuevo arder los copos muertos. Mis ojos lloraban infinitos mares incapaces de apagarlos”, comienza el poema, que se convierte en una elegía tanto al monte arrasado como a las vidas que se apagaron en la lucha contra el fuego.

El autor, muy vinculado a la tierra bañezana, subraya con esta obra el valor de la memoria colectiva y la necesidad de mantener vivo el recuerdo de quienes dieron todo por proteger a los demás.

“Llanto del monte dormido” se alza así como un testimonio poético frente a la tragedia, un canto de dolor pero también de esperanza y resistencia que busca acompañar a las familias y a toda la comunidad en su duelo.

Llanto del monte dormido

En memoria de A.R.F. J.A.V.

He visto de nuevo
arder los copos muertos.

Mis ojos lloraban infinitos mares
incapaces de apagarlos.
El fuego arrasaba
los pulmones en mi pecho,
la nada se abría paso
lamiéndolo todo
con aliento de muerte.

He visto el cielo
apagarse de repente,
y las aves ya no querían
extender sus alas.
He visto cómo bramaba
un bosque,
otro bosque,
el monte.

El hierro, ennegrecido,
silencioso, lloraba la pérdida
en la nada, suplicaba en silencio,
temía la noche.

Y lo quise abrazar,
todos querían hacerlo
antes de que el aire se lo llevara,
antes de desvanecerse
en el olvido frío.

He visto la mentira
florecer donde antes había flores,
echar raíz en la amargura,
donde antes había ciervos,
lobos, seres.

Ahora intenta engañar
a los seres quietos,
ahora la desidia predica
entre las llamas.

He visto el roble pueblo aguantar,
la adusta encina gritar,
la jara, el tomillo, la esperanza
en el corazón de los ríos,
en la orgullosa mirada de los abrazos,
de las sonrisas.
Y ahí me he cobijado,
me he quedado dormido,
esperando despertar de nuevo
y volver a otro entonces.

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