Tanto pequeños como mayores sacaron ayer sus trajes más terroríficos para disfrutar de una tarde diferente, cargada de ingenio, diversión y sustos. Aunque inicialmente la fiesta de Halloween estaba prevista en la Plaza Mayor, las previsiones de lluvia obligaron a trasladar la celebración al pabellón del Colegio San José de Calasanz, donde no faltó el buen ambiente.
El espacio se llenó de color, música y disfraces, con actividades pensadas para todas las edades. Los hinchables, una divertida gymkhana y la música de un DJ pusieron ritmo y alegría a la jornada, que logró mantener el espíritu festivo pese al cambio de ubicación.
La animación continuó entrada la noche con la participación de La Bañetukada, cuya música inconfundible acompañó a los asistentes a partir de las nueve, recorriendo las calles de la ciudad con energía y entusiasmo. Ataviados con trajes para la ocasión, los miembros del grupo pusieron el broche final a una fiesta de Halloween.








