El gran desfile de Carnaval celebrado este martes quedará grabado en la memoria colectiva de la ciudad por su carácter emotivo, inclusivo y participativo. La protagonista indiscutible fue la Musa Ana Gancedo, del grupo Acuarela y residente del Centro Nuestra Señora del Valle, entidad que este año celebra su 40 aniversario.
El desfile se convirtió en una auténtica muestra de unidad ciudadana y de apuesta por la inclusión. Las calles se llenaron de rostros ilusionados y sonrisas sinceras, tanto entre los participantes como entre quienes acompañaban a la Musa en su recorrido.
Los trajes, inspirados en el fondo marino y con predominio del color azul, no dejaron indiferente a nadie. Detrás de ellos hubo meses de intenso trabajo y dedicación, una preparación que comenzó nada más finalizar el Carnaval del pasado año. Especial atención requirió la elaboración de las sillas de ruedas adaptadas, diseñadas de forma personalizada para responder a las necesidades específicas de cada uno de los residentes.
La jornada comenzó temprano. Desde las doce del mediodía, maquillajes y caracterizaciones se sucedían sin pausa hasta pocos minutos antes de la salida del desfile. Nervios, prisas y ajustes de última hora marcaron las horas previas, aunque por encima de todo se respiraba ilusión y emoción por vivir un momento tan especial.
A su paso por las distintas calles de la ciudad, el público respondió con aplausos y vítores. Desde lo alto de la carroza, Ana, visiblemente feliz, no dejó de saludar y agradecer el cariño recibido, convirtiéndose en símbolo de un Carnaval abierto y participativo.
Una vez finalizado el recorrido, se procedió al nombramiento de los diferentes grupos participantes, poniendo así el broche final a una jornada en la que la inclusión, el esfuerzo colectivo y la alegría fueron los verdaderos protagonistas.

























