Cuando el pasado 6 de enero llegó a España la borrasca Goretti, los embalses de la Demarcación gestionados por la Confederación Hidrográfica del Duero se encontraban al 60% de su capacidad total, frente al 83,3% actual. En ese momento no existía una garantía suficiente para la atención de las demandas, especialmente las agrarias.
Desde entonces, se ha producido una sucesión casi ininterrumpida de borrascas —Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, Marta, Nils y Oriana— y, tras una breve tregua, se anuncia la llegada de la borrasca Pedro. Este periodo de intensas precipitaciones ha puesto de manifiesto la relevancia de las infraestructuras de regulación hidráulica, tanto para asegurar los usos asociados —con la campaña de riego garantizada en todos los sistemas de explotación— como para laminar avenidas y reducir de forma significativa los daños materiales y personales derivados de las inundaciones, especialmente en los cauces no regulados.
En la actualidad se encuentra en tramitación la revisión del Plan Hidrológico de la Parte Española de la Demarcación Hidrográfica del Duero. Concretamente, está sometido a información pública el Esquema Provisional de Temas Importantes en materia de gestión de las aguas, documento intermedio para la elaboración del plan correspondiente al ciclo 2028-2033.
Desde la asociación FERDUERO se ha reiterado la necesidad de ejecutar las regulaciones previstas en el plan vigente, así como de impulsar nuevas infraestructuras en las zonas con recursos insuficientes para atender los usos existentes y mejorar la gestión del riesgo de inundación. La entidad defiende asimismo el desarrollo de nuevos regadíos, recordando que en Castilla y León solo el 15% de la superficie agraria útil es de regadío, frente al 23% de la media nacional.
FERDUERO también propone un mayor ajuste de los caudales circulantes en periodos de sequía, incluso en áreas incluidas en figuras de protección ambiental como la Red Natura, ZEPA o LIC.
Según el estudio “Posibilidades de Aumento de Recursos Hídricos en Castilla y León”, encargado por FERDUERO a la Universidad de Burgos con la colaboración del ITACYL y presentado en 2019, la Demarcación del Duero es la que menor porcentaje de regulación presenta en relación con sus aportaciones naturales, con un 31%. Esta cifra se sitúa por debajo de otras grandes demarcaciones españolas, como el Ebro (más del 50%), el Guadalquivir (más del 100%) o el Guadiana (más del 200%). Además, los embalses de cabecera del Duero, destinados principalmente a riego y abastecimiento, son de carácter anual, lo que obliga a depender cada campaña de la evolución climática, a diferencia de otras cuencas donde un buen año hidrológico permite asegurar varias campañas consecutivas.
Por último, se ha puesto en valor el trabajo desarrollado por el personal de Dirección Técnica y Explotación de la Confederación Hidrográfica del Duero durante este periodo de episodios hidrológicos complejos. La gestión de los embalses ha exigido un delicado equilibrio entre los caudales procedentes de los ríos no regulados y la función de laminación de las presas, llegando en algunos casos a superar los resguardos de seguridad aprobados por la Comisión de Desembalse para posteriormente recuperar la normalidad.
Con un mes de invierno y toda la primavera aún por delante, se considera esencial mantener los resguardos actuales ante la incertidumbre meteorológica, con el objetivo prioritario de proteger la vida de las personas y minimizar los daños materiales en las zonas potencialmente inundables.











