El barrio de El Polvorín dio este pasado domingo, 12 de julio, el pistoletazo de salida a las fiestas en honor a Santa Marina con la celebración del tradicional pregón, que este año corrió a cargo de Luis Javier Posada Ríos. El pregonero ofreció un discurso cercano y emotivo en el que combinó vivencias personales, referencias históricas y un sentido homenaje a las generaciones que han contribuido al desarrollo del barrio y de La Bañeza.
Posada comenzó recordando su singular infancia, explicando que, mientras la mayoría de los niños pasaban los veranos en los pueblos de sus abuelos, él hacía el camino inverso para disfrutar de la ciudad y de su familia bañezana. Evocó especialmente sus recuerdos en la calle Astorga, donde su abuelo tenía un taller de bicicletas, y la fascinación que sentía de niño al ver trabajar al camión de la basura, un símbolo del progreso urbano que contrastaba con la realidad de su pueblo.
A continuación, el pregonero repasó algunos de los recuerdos que conserva de El Polvorín, entre ellos las interminables subidas en el Renault 8 de su madre por la empinada cuesta del barrio, las bajadas sobre el hielo junto a sus primos, o el accidente que sufrió su hermano Jesús cuando apenas tenía tres años y que obligó a la familia a acudir de urgencia al entonces centro médico de La Bañeza.
También rememoró sus primeros pasos en el mundo de la hostelería trabajando los fines de semana en el bar de Gelo, donde destacó la calidad de las conocidas almejas a la marinera elaboradas por Madalena, a las que calificó como las mejores de toda la comarca.
Durante buena parte de su intervención realizó un recorrido por la historia del barrio, estrechamente ligada a la construcción de la Azucarera y al desarrollo industrial de La Bañeza durante las primeras décadas del siglo XX. Recordó que El Polvorín ha sido tradicionalmente un barrio de trabajadores, cuyas familias contribuyeron con esfuerzo diario al crecimiento de la ciudad.
El pregonero hizo igualmente referencia a los difíciles años de la Guerra Civil y la posguerra, cuando la necesidad dio lugar al estraperlo y reforzó el espíritu solidario que caracterizaba a los vecinos. Como anécdota, compartió una historia transmitida por su padre sobre cómo, en tiempos de escasez, algunos jóvenes del barrio capturaban gatos para venderlos como liebres, ejemplo del ingenio con el que muchas familias afrontaban aquellas duras circunstancias.
Otro de los aspectos destacados fue la importancia que tuvo el ferrocarril para el desarrollo económico de La Bañeza, favoreciendo el intercambio de productos agrícolas como las alubias, los garbanzos, el pan o los dulces por aceite y productos del norte de España. Recordó incluso cómo en los años noventa encontró en Madrid un establecimiento que anunciaba con orgullo la venta de pan de La Bañeza.
Posada repasó también la evolución urbanística del barrio, desde las antiguas casas bajas de adobe con patios cerrados hasta las actuales viviendas, reflejo —dijo— de la prosperidad alcanzada por muchas familias. Asimismo, recordó que El Polvorín fue una de las primeras zonas de la ciudad en disponer de agua corriente gracias a su situación elevada.
En su recorrido por la historia reciente destacó igualmente la transformación del antiguo Centro Secundario de Salud en el actual Centro Social Santa Marina, impulsada por un grupo de vecinos encabezados por don Arturo, figura a la que dedicó unas palabras de reconocimiento por su compromiso con el barrio y con la ciudad.
El pregonero evocó además la tradición carnavalera de La Bañeza, recordando cómo incluso durante los años de prohibición las celebraciones continuaban de forma clandestina, esquivando la vigilancia de la Guardia Civil.
Tampoco faltaron referencias al entorno natural de El Polvorín, delimitado históricamente por las vías del tren, la Azucarera y las viñas, así como un recuerdo para quienes han mantenido el cultivo de variedades tradicionales como el prieto picudo.
En la recta final de su intervención quiso rendir homenaje a todas las personas que, desde el anonimato, han contribuido al crecimiento del barrio, subrayando que «todo el mundo es importante» por el trabajo y el esfuerzo realizados a lo largo de los años.
Antes de concluir, citó unas palabras pronunciadas por Conrado Gonzalo Murciego durante el pregón de las fiestas de 1992 y cerró su intervención recuperando una copla popular que, según explicó, su padre repetía cada vez que cruzaban el puente de los Arcos para entrar en La Bañeza.
El pregón finalizó entre los aplausos de los asistentes con una encendida proclamación en favor del barrio y de sus vecinos: «¡Viva El Polvorín, viva Santa Marina y vivan todos y cada uno de sus vecinos!», dando así comienzo oficial a unas fiestas que volverán a reunir durante los próximos días a los habitantes del barrio en torno a la tradición, la convivencia y la devoción a su patrona.







