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REPORTAJE: Un paseo por la iglesia de San Martín de Torres en el año 1777

Reportaje de Jose Luis de las Heras Alija

De entre la mucha documentación conservada de nuestros templos destacan especialmente los inventarios de alhajas, listados de las piezas que eran propiedad de estos y que cada cierto tiempo los responsables del cuidado de las parroquias, santuarios y cofradías realizaban, con los mismos fines que se llevan a cabo hoy día.

Es complicado hacer un seguimiento actual de muchas de las piezas referidas en ellos, el propio uso, los robos, ventas, limpiezas, etc., dieron al traste ellas, pero sí nos permiten hacer un recorrido por las piezas que eran comunes en nuestros templos siglos atrás, hacer un repaso por sus materiales, tipos de tejidos, usos, etc.

De la parroquia de San Martín de Torres, conservamos varios de estos inventarios en los libros de fábrica, recogidos en el Archivo Diocesano de Astorga (con la signatura 3/17), fechados en 1777, 1805 y 1857 respectivamente. A continuación, transcribiremos el primero de ellos y más antiguo, que se encuentra en los folios 175 y 176 del primer Libro de Fábrica:

INVENTARIO DE LAS ALHAJAS QUE SE HALLAN HOY DÍA DE LA FECHA EN LA IGLESIA PARROQUIAL Y SACRISTÍA DEL LUGAR DE SAN MARTÍN DE TORRES DEL OBISPADO DE ASTORGA Y SON COMO SE SIGUE:

Altar mayor: Primeramente, en el altar mayor hay una cruz de madera su color verde, con la efigie de un Santo Cristo de bulto y sobre la custodia hay un marco o cuadro con una efigie de Ntra. Sra. de la Portería, tiene su cenefa de damasco de flores y dos candeleros de metal chicos clavados junto a dicho marco. Más arriba una efigie de un Niño Jesús de bulto con su diadema de plata afiligranada con perlas bastas, tiene dos túnicas de damasco la una morada y la otra encarnada con flores blancas y listones. En el medio del retablo un San Martín de bulto y en la superficie hay una efigie de un Santo Cristo de bulto y al pie de la cruz están San Juan y la Magdalena, también de bulto. Más hay sobre dicho altar dos imágenes de N.ª S.ª la una llamada de la Antigua, tiene una corona de plata y el Niño otra de lo mismo, tiene su manto viejo y toca y la otra intitulada de la Concepción, tiene una corona de plata, dos mantos el un viejo y el otro nuevo, de damasco, con su mandilete de lo mismo. Más hay al lado de la custodia una efigie de un San Martín, también de bulto, que lleva el preste en la procesión el día del patrono. Más hay en dicho altar una tablilla que contiene Gloria, Credo y las palabras de la consagración y otra en que está el Evangelio de San Juan. Hay en la custodia un copón de plata, de peso de diez y seis onzas, con una cruz de lo mismo en la cubierta y un tafetán carmesí con que se cubre. Hay una Cruz pequeña y unos corporales pequeños con su hijuela, tiene una cortina de damasco encarnado a la parte de adentro, otra de lo mismo a la parte de afuera. Tiene dicho altar seis candeleros grandes de metal y juntamente dos hacheros grandes de madera plateados. Tiene un ara grande, dos lienzos para cubrirla, tres tablas de manteles de lienzo con sus puntas, más otros manteles de gusanillo viejos con su cubierta para la ara y cabritillas, una paz de metal, un frontal blanco con cenefa encarnada todo de damasco, otro entre pajizo y verde viejo, otro morado y negro de sempiterna, tiene su marco de madera sobredorado y tarima, tiene un frontal de pieles pintados sin bastidor.

Altar del Santo Cristo: Tiene el S.to Cristo un faldón de lienzo con su puntilla y lazos con su toalla, dos varillas, dos cortinas, la una de damasco carmesí con su cenefa, y la otra de tafetán musco ya vieja, una cruz de madera sobredorada sobre el altar, un ara grande, un lienzo para cubrirla, unos manteles con su puntilla, un frontal de lienzo pintado sobre cuyo bastidor se pone un frontal de pieles pintado, un marco de madera pintado, dos candeleros de lo mismo, una tarima y cabritillas para cubrir el altar.

Altar de N.ª S.ª del Rosario: En el altar de N.ª S.ª del Rosario la cual imagen de bulto tiene una corona de plata con el cerco del rostro de lo mismo y afiligranado con perlas bastas y tiene un rosario de cristal encadenado en alambre. Tiene su Niño con su diadema de plata. Tiene dos mantos el uno viejo y el otro nuevo, ambos de seda con sus listones y un mandilete también de seda y una toca de espumilla, tiene tres cortinas, las dos de raso encarnado de flores y la otra de damasco morado para Adviento y Cuaresma, dos varillas de hierro. Tiene dicho altar de N.ª S.ª, dos arañas de plata a tres candeleros cada una. En el retablo, a la derecha de N.ª S.ª, un San Jose con su diadema de plata y el Niño otra de lo mismo, tiene delante una ese de hierro con su candelero, tiene también una tablilla en donde contiene cuarenta días de indulgencia que concedió el Ilmo. Sr. D. Fran.co Javier Sánchez Cabezón, de feliz recordación, a todos los fieles que rezaren la oración del Paternoster y Ave María ante el S.to patriarca. Otra tablilla hay en dicho retablo que contiene las mismas indulgencias rezando el Rosario a María Ssma. concedidas por el Ilmo. Sr. D. Pedro de Cáceres, de buena memoria, otra que contiene otros cuarenta días que concedió dicho Sr. Cabezón a las personas que devotamente rezaren una Salve ante dicha imagen del Rosario. A la izquierda de dicha imagen está un San Marcos con su capa de raso vieja, en la superficie de este retablo hay una Sta. Bárbara y a ambos lados dos angelitos de bulto. Sobre el altar tiene una cruz de madera sobredorada, una tablilla en que está el Evangelio de San Juan, un ara grande, dos lienzos para cubrirla, tres mesas de manteles, los dos de lienzo y con sus puntas y los otros de gusanillo, también con sus puntas, y unas cabritillas para cubrirlo. Tiene un frontal blanco con su cenefa encarnada todo de damasco. Tiene un frontal de pieles sin bastidor, un marco de madera sobredorado, dos candeleros de metal, una tarima. Este altar tiene su custodia para conservar a S. M. en la Semana Santa y una lámpara de metal.

Altar de San Antonio: Tiene el S. Antonio una diadema de plata y el Niño otra chica de lo mismo. Tiene una cortina de raso verde de flores con su cenefa de lo mismo y dos varillas. En el altar una cruz de metal con la efigie de un Sto. Cristo. Tiene un ara, dos lienzos para cubrirla, dos mesas de manteles con sus puntas, tiene dos frontales el uno de damasco carmesí y el otro de lienzo pintado, su marco de madera también pintado y tarima, dos candeleros de metal. Este colateral tiene custodia y una lámpara de metal, más otra lámpara de lo mismo.

Mártires: En el altar de San Sebastián hay la efigie del Santo, tiene una cortina y cenefa de raso encarnado de flores ya vieja, dos varillas, y sobre el altar una cruz de madera pintada de negro, un ara grande un lienzo para cubrirla, dos mesas de manteles, un frontal de lienzo pintado, otro frontal de pieles, un vestidor, un marco de madera pintado y su tarima, una lámpara de metal.

Sacristía: En la sacristía hay las alhajas siguientes: Una mesa con tres cajones y dos alacenas todo de nogal y dentro de la caja del remate de dicha mesa, una efigie de un Sto. Cristo de bulto. En dichos cajones hay una casulla vieja de damasco blanco, otra encarnada de lo mismo, otra de lanilla negra, todas viejas. Una pelliz vieja usada, una bolsita con una cajita con su cruz y efigie para llevar el viático a los enfermos. Hay también los frontales de pieles sin bastidor que arriba van expresados. En las alacenas de dichos cajones hay dos cálices con copas y patenas sobredorados y dos cucharitas, dos tafetanes negros, dos blancos de damasco, uno de raso liso encarnado, otro encarnado de lo mismo, otro encarnado de tafetán, otro formado en verde y musco otro tafetán azul ya usados, todos son para los cálices. Hay tres bolsas con sus corporales, los dos de tela y los otros de lienzo basto.

Hay en dicha sacristía otros cajones nuevos con una alacena, en estos están los ornatos de los días festivos y son los siguientes: dos casullas blancas de damasco, la una con la cenefa bordada con su estola y manípulo correspondiente, otra de terciopelo encarnado con su cenefa también bordada, otra de terciopelo negro, otra de damasco negro, otra de persiana verde con flores, otra morada de tela que llaman filipichí, otra de damasco morado vieja, dos dalmáticas blancas antiguas con sus collarejos y manípulos y son de damasco, dos dalmáticas negras de persiana; dos capas blancas, la una nueva con cenefa encarnada la otra vieja y son de damasco, una banda encarnada de tafetán sencillo, más otra casulla blanca de varios colores, un facistol de dos caras para difuntos y festividades, una manga de persiana para la asta de la cruz de plata, otra negra de damasco para lo mismo, tres albas de tela con sus encajes de a tercia y sus amitos correspondientes para las festividades, otras dos de tela ya viejas, también con su encajes y amitos correspondientes, otra de lienzo con sus puntas y amito correspondiente, otra de lienzo ya vieja. Tienen dichos cajones un palio nuevo de damasco encarnado, el que al presente tiene cuatro varas porque, aunque admite seis, las dos se rompieron. Hay un dosel de damasco de flores para cuando se expone Su Divina Majestad. Una cruz grande de plata y la calabaza, se mete en una manga de lienzo cuando se desarma, tiene dicha cruz el mango o asta de madera.

Hay en dicha sacristía un incensario con su naveta, todo de plata. Más tiene medio viril de plata el cual se arma en el pie de uno de los cálices, unas vinajeras y platillo de plata, tres cíngulos de seda, dos de hilo blanco y lana encarnada, dos bonetes de paño viejos, una cruz de metal con al asta de madera, una manga de tafetán para cubrir dicha cruz, un incensario de metal, un formón de hierro, un tenebrario para poner las velas de lo mismo, unos hierros viejos para hacer las hostias.

Hay en dicha sacristía un arca mediana donde están los tenlices viejos para el monumento y un paño para el túmulo, hay otra arca donde está la cena de Nuestro Señor. Otra donde están los manteles y esta es de San Antonio, hay una arquilla vieja, especie de custodia donde está la ropa de Ntra. Sra. y una túnica morada para el Niño Jesús. Otra arquilla o custodia donde se pone Su Majestad la noche de la Cena, y tiene dentro sus corporales. Hay dos cajas de hostias de hojalata y una con cubierta de madera, hay dos faroles de vidrio para cuando sale el Rosario por las calles, un cirio pascual, hay dos candeleros chicos de metal su hechura de campana, una campanilla para tocar a santus.

En la torre, dos campanas grandes nuevas y una campanilla para tocar a misa los días de labor. Una veleta de hierro, más hay otras dos veletas viejas y están junto a la pila bautismal. En dicha pila grande con su llave y cubierta de madera.

Tiene la iglesia, a las puertas, un cancel grande de madera con su pasador y llave en la puerta, hay una pila de piedra para el agua bendita, hay un caldero de cobre con el hisopo de hierro para lo mismo. Hay en la iglesia cuatro bancos grandes y un escañil pequeño para servicio del pueblo, un confesionario con su puerta y dos rejillas, una silla de baqueta, otra de madera, unas andas viejas con sus angelitos, todo de madera y una mesa para ponerlas. Otras andas con su tornillo para el Niño Jesús. Dos pendones de damasco el uno encarnado y el otro blanco y este es de la cofradía de Ntra. Sra. Dos estandartes de lo mismo, uno negro de la cofradía de Ánimas, otro blanco de Ntra. Sra. este y los pendones tienen unas crucitas de metal, y los pendones cordones de seda.

Hay unas gradas con sus balaustres para el monumento y unos maderos largos para lo mismo, hay una gradilla para cuando el preste sube a la custodia, hay un ataúd para los difuntos mayores con su mesa, otro para los párvulos. En la capilla mayor hay una lámpara grande de metal y un púlpito de madera. En un cuarto que está en el portal hay algunos maderos viejos para armar el monumento.

Hay una ermita fuera del lugar, con retablo dorado, la efigie de un Santo Cristo al pie de la Cruz, San Juan y la Magdalena de bulto, esta ermita de la cofradía de la Cruz.

Tiene la iglesia dos ollas, una grande y otra pequeña, para el aceite, hay una reja de madera pintada para resguardo de la pila bautismal, hay junto a dicha pila una alacena con puerta, cerradura y llave y dentro de ella unas olieras de plata con el mango de lo mismo, hay una efigie de un Santo Cristo para sacar en las procesiones, tiene la iglesia una garduñera de hierro, una palanca y llave de lo mismo para las sepulturas. Todo lo cual refieren las alhajas que tiene la iglesia de este lugar de San Martín, y para que conste lo firmo en dicho lugar, y septiembre, veinte y cuatro de mil setecientos setenta y siete, siendo mayordomo Alonso Martínez y sacristán Félix Pastor.

Tiene dicha iglesia una panera de cantería, alta y baja y en ella un archivo con dos llaves, donde están los papeles y apeos de donde consta la hacienda raíz de dicha fábrica y por verdad lo firmo dicho día. (Firmas)

Algunas imágenes han desaparecido actualmente, como el San Marcos, que en el inventario de 1805 dice “debe enterrarse”, suponemos que era una figura antigua y no muy bien conservada, además de no tener claros sus atributos pues en el mismo inventario se encabeza como “que dicen ser san Marcos”, en 1857 vuelve a aparecer inventariada. Con posterioridad a este inventario se adquirió un cuadro de la Divina Pastora, que aparece referenciado en el último como “muy bueno y pintado”, sin embargo, el de la Virgen de la Portería, una devoción que estuvo muy arraigada en la comarca y hoy está olvidada, ya no se incluye, como también ocurre con Nuestra Señora de la Antigua. Tampoco están las efigies de San Juan y la Magdalena que se mencionan junto al Crucificado del altar mayor, ni las tablillas de indulgencias en el retablo del Rosario.

También percibimos la importancia que se concebía al monumento del Jueves Santo, pues sus elementos eran numerosos y estaban guardados por diferentes lugares de la iglesia.

La variedad de los tejidos es otro de los puntos interesantes de estos inventarios: ornamentos litúrgicos de seda, damasco, sempiterna, lanilla, tafetán, raso, incluso de “filipichín”, un tejido de lana antiguo estampado y poco común. En estos ornamentos también es interesante la variedad de colores, en relación con los tiempos litúrgicos, de la misma manera que ocurre con las cortinas de los retablos, o en los pendones, siendo en este momento el encarnado de la parroquia, el blanco del Rosario, o el negro de las Ánimas.

De manera muy somera se menciona la existencia de una ermita, hoy desaparecida, cuyo titular un Cristo y que pertenecía a la Cofradía de la Cruz, una de las cuatro que existieron en San Martín de Torres.

Entre otras curiosidades, aparecen relacionados los ataúdes que servían para enterrar a todos los parroquianos y que en este caso eran dos, para niños y para adultos, la palanca y llave para abrir las sepulturas, que entonces se encontraban dentro de la iglesia, o la garduñera, trampa para la captura de estos animales.

En la actualidad, la iglesia de San Martín, ubicada en la parte alta de la localidad, cuenta todavía con un patrimonio interesante, aunque este, y el propio aspecto del templo habrán variado notablemente desde el año 1777 en el que se realiza el inventario que hemos leído, que hoy en día es un interesante testimonio de todo aquello que hubo en nuestras parroquias y que, al fin y al cabo, era el reflejo de la riqueza de estos pueblos.

Jose Luis de las Heras Alija

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