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Reportaje: Los danzantes de Laguna de Negrillos conservan la esencia de la tradición

Hablar de tradición en la provincia de León conlleva hablar de manera obligatoria de una serie de localidades como Alija del Infantado en el Órbigo bajo, Val de San Lorenzo en la maragatería o Casares de Arbas en la montaña. Pero sin duda es Laguna de Negrillos, en el extenso páramo leonés, una localidad ejemplar en la conservación y difusión de su folklore.

Hace pocos días abría las portadas de los periódicos provinciales la invitación de sus danzas para representar a España en la Exposición Universal de Osaka de 2025, una noticia de la que deben sentirse orgullosos no solo los habitantes de Laguna, sino de toda la provincia.

La danza de Laguna es, sin desmerecer al resto, una de las más complejas en la ejecución de sus bailes a los sones de la dulzaina y el redoblante, junto con las castañuelas o los palos que chocan los danzantes al compás de la música, con piezas tan destacadas como el complejo baile que ejecutan los birrias, la corrida en la procesión del Voto, las vueltas en el Corpus, o los diferentes paloteos, sencillos o bailados, que danzan a la salida de las ceremonias religiosas.

También en el propio vestuario de los danzantes, con sus faldas de puntillas almidonadas, los pañuelos encarnados cruzados por los hombros y las cintas de seda de colores también encarnadas y amarillas formando una “M” a la espalda, además de los cintos, las medias con las borlas, o la camisa; en definitiva, un vestuario que ha permanecido inalterado a lo largo de las últimas centurias, con notas de cierta gracia como las corbatas que utilizaron en algunas ocasiones del siglo XX.

Como dato anecdótico, estos danzantes se atrevieron a bailar la “Picolisima Serenata” de Renato Caressone como indica el Diario de León del 30 de mayo del 55, aunque en este caso para disgusto del espectador que lo presenció.

Junto a los danzantes aparecen con sus trallas y caretas los birrias, demonios encargados de abrir paso y hacer corro, apartando a la gente con sus trallas, y que también hacen su “birriada” para desviar la atención del personal mientras se ejecutan los lazos. No deja de ser anecdótico que antaño emborracharan un gallo, para desgracia del pobre animal y divertimento del público.

Tampoco lo deja de ser el castigo que se impartía si algún danzante blasfemaba el día de Corpus, azotándolo de manera ejemplar con varas en los hombros “sin que nadie lo viera pero que se pudieran oír sus lamentos”, como indicaba Faustino Ugidos, un danzante veterano en una entrevista del Diario de León del 4 -6-1980.

Por otro lado, de la veintena de aspirantes que se han presentado para el sorteo son un síntoma de la vitalidad de la danza. Solamente serán elegidos ocho, pues ocho, salvo en algunas excepciones como como en el valle de Fornela, era el número más habitual de personas necesarias para la ejecución de estos bailes coreográficos, que requieren de una importante preparación.

Cuesta hoy encontrar algún lugar que conserve este rasgo cuando, por miedo a la desaparición, se ha abierto el número de danzantes en muchas de las localidades, lo que ha hecho variar rasgos fundamentales de estas. Del mismo modo, el sexo de los mismos, antaño únicamente masculino, se ha conservado en Laguna para la celebración de su afamado corpus, mientras que hace ya algunos años para la fiesta del Voto, se han incorporado mujeres, que también han entrado en el sorteo para la representación en Japón.

El curriculum de estos danzantes parameses es amplio a lo largo del siglo XX. En la propia localidad no han faltado en las fiestas del Voto, donde serán los quintos los encargados de ejecutarla, o en la del Corpus, celebrada en jueves hasta los años 90 y actualmente en domingo, donde es el turno de los más veteranos, miembros de la cofradía del Señor y generalmente compañeros del famoso San Sebastián que encabeza la comitiva.

Los danzantes aparecen por la mañana en las dianas y tras la misa para ejecutar los lazos y en las procesiones donde llevan a cabo la baila. Es la plaza con la iglesia de San Juan y el Castillo de los Quiñones, junto con las diferentes calles de Laguna, es el que podríamos denominar “hábitat natural” de los mismos, pero no el único.

A lo largo del siglo XX participaron en actos tan diversos como las Fiestas del Centenario de don Suero de Quiñones ambos en 1934 o en el acontecimiento folklórico que reavivó las tradiciones leonesas tras la Guerra Civil, el afamado Día Regional, celebrado en León el 22 de mayo del año 1939, en el que también participaron danzas y otras comparsas de decenas de pueblos de la provincia, muchas hoy perdidas. No faltaron tampoco en celebraciones de la propia ciudad como en las ferias y fiestas de San Juan y San Pedro, en el Corpus Chico de Minerva o en festivales celebrados en el Teatro Emperador y en otras de la provincia, como las fiestas de la Patrona de la Bañeza o las de la Encina de Ponferrada.

En la segunda mitad del siglo estuvieron presentes en actos tan diversos como la inauguración de la restauración del Puente del Paso Honroso de Hospital de Órbigo en 1951, ganando al año siguiente en Mallorca el Concurso Internacional de Canciones y Danzas Populares, donde Alan Lómax grabó sus melodías. Participaron en varias ocasiones en Madrid en el día de León de la Feria del Campo. Años después estuvieron presentes en otro de los acontecimientos más importantes del siglo en León, el VI Congreso Eucarístico Internacional de 1964.

En el 66 actuaron en la feria de muestras de Gijón y tampoco faltaron en diferentes celebraciones de la capital y la provincia, entre las que pueden ser anecdóticos los desfiles de los carnavales de La Bañeza y Astorga, junto con otros grupos tradicionales o la inauguración de la estación de esquí de San Isidro en 1974. Ya en los 80 y 90 tampoco faltaron en los diferentes festivales de exaltación del folklore leonés organizados por las cajas de ahorros y doña Concha Casado. Para terminar el siglo, señalaremos el año 1995, donde actuaron en la clausura del Sínodo en el Palacio de los deportes ante 6000 personas.

Tampoco falta su presencia en diferentes documentales de la provincia como el grabado por el NODO o en o en publicaciones y guías sobre la provincia, siendo icónicas las fotografías del danzante que inmortalizó junto al castillo el prestigioso fotógrafo Ortiz Echagüe en los años 50 y que publicó en su obra Tipos y trajes de España. También la Asociación cultural Dulce de Negrillos dedica a la danza gran parte de su libro-disco Cantos y castañuelas: Tradición Cultural en Laguna de Negrillos,y numerosos investigadores como David Álvarez Cárcamo ha recogido la tradición musical de algunos de sus protagonistas “históricos” como Demetrio Matilla, en La tradición oral leonesa: El ciclo de la Vida.

Su tradición continuada, la pervivencia de todos sus rasgos típicos y su larga trayectoria han hecho que esta danza bien pueda considerarse “la danza de León”, y son justificación suficiente para la representación de las tradiciones españolas en Japón.

Autor reportaje y fotografías: José Luis de las Heras Alija

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