Ni las intensas lluvias de la mañana lograron empañar una de las jornadas más esperadas del año en Genestacio de la Vega. La tarde dio paso a un cielo despejado y soleado que permitió celebrar la festividad en honor al Cristo de la Vera Cruz, una de las imágenes más veneradas de las comarcas bañezanas.
El buen tiempo atrajo a numerosos asistentes llegados desde distintos puntos de la provincia, que no quisieron perderse una celebración marcada por la devoción, la tradición y el calor humano de un pueblo volcado con sus costumbres.
Los actos religiosos comenzaron a las 11:00 de la mañana con una misa solemne, en la que vecinos y visitantes se reunieron en un ambiente de recogimiento y fe. Pero fue por la tarde, a partir de las 17:30 horas, cuando tuvo lugar el momento más emotivo de la jornada: la novena con el tradicional canto de las llagas y el rezo del rosario. Las mozas del pueblo, ataviadas para la ocasión, ofrecieron el ramo al Cristo mediante cantos llenos de sentimiento y peticiones por la lluvia y las buenas cosechas.
A continuación, se celebró la procesión, que comenzó con los pendones de los pueblos vecinos , entre ellos el de Genestacio. Tras ellos, desfiló la imagen del Cristo de la Vera Cruz, seguida por el ramo y la talla de la Virgen del Rosario, ambos portados a hombros por las mozas del pueblo. El acompañamiento musical estuvo a cargo de la Agrupación Musical de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad de La Bañeza.
El recorrido se dirigió primero a la ermita, donde las mozas entonaron los tradicionales cánticos de despedida al Cristo, ante la mirada atenta de los presentes. Desde allí, la procesión regresó a la iglesia, donde se rindió homenaje a la Virgen con nuevos cantos.
Finalizados los actos religiosos, los asistentes se congregaron en el exterior del templo para presenciar la tradicional subasta del ramo, compuesto por rosquillas elaboradas por las vecinas del pueblo. Este año, una vecina se alzó con el ramo con una apuesta de 500 euros.
La jornada culminó con una merienda popular en un ambiente festivo y de hermandad, poniendo así el broche de oro a un día que, un año más, unió tradición, fe y comunidad en Genestacio de la Vega.
































































