Este artículo es la reflexión de un seguidor de La Bañeza al Día tras la celebración de San Froilán. El desfile de carros engalanados de San Froilán siempre es un espejo de la identidad leonesa, pero también un espacio para la imaginación y el atrevimiento. Este 2025, el grupo San Pedro del Castro sorprendió con un carro que rompió moldes: la tómbola de barrio convertida en homenaje festivo, despertando sonrisas, recuerdos y hasta debates sobre dónde empieza la tradición y dónde se abre camino la renovación.
Renovarse o morir
Uno de los actos más esperados del año en León es el desfile de carros engalanados que el domingo anterior a San Froilán recorre las principales calles del casco antiguo de la ciudad. Una tradición recuperada en los años 70 del siglo pasado y que, desde entonces, hace fluir la imaginación de los grupos y personas que engalanan los antiguos carros agrícolas que otrora ocupaban la explanada del santuario de la Virgen del Camino en sus días grandes.
Este año 2025 uno de esos carros no dejó indiferente a nadie: las colchas de estameña, los cobertores del Val y las cestas de mimbre o paja llenas de racimos, embutidos y dulces, quedaron guardadas para dar paso a las bailarinas, las chochonas, la ruleta o a los llaveros de pistolas.
Los jóvenes, pues todo esto forma parte de un mundo ya ajeno a ellos, lo miraban como si de un elemento más de la tradición se tratase; los mayores recordaban nostálgicos sus años mozos y, los responsables se mostraban orgullosos de su innovación y su valentía, como no podría ser de otra manera.
Todo aquel que la mañana del domingo 28 de septiembre estuvo en León sabe que nos referimos al carro número 2, titulado «Tómbola a la Virgen» llegado desde el barrio de Puente Castro, que no ha faltado nunca a esta cita con los leoneses.
Los miembros del grupo San Pedro del Castro cuentan con buenas colecciones etnográficas que les permiten decorar sus carros cada año de una manera diferente e innovadora, y sí, sus carros, porque hasta tres son los que han preparado para la ocasión. Dos de ellos «al uso», dedicados a la labranza y al trabajo textil de la lana y, este tercero, a recrear las tómbolas que durante el pasado siglo hacían salir de sus órbitas los ojos de los más pequeños, hoy ya jubilados muchos de ellos, y también de los tomboleros que con sus mañas hacían acabar en sus bolsillos el dinero de padres y abuelos a cambio de muñecas que todavía decoran las estancias de algunas casas.
Una estética kitsch trasladada al carro tradicional de León, licencia que se han tomado los de Puente Castro, y que ha llenado de nostalgia e invocación el desfile de este año. ¡Enhorabuena por ello!










