Genestacio de la Vega, León, volvió a demostrar un año más que la fe y la tradición pueden imponerse incluso a las inclemencias del tiempo. Las habituales lluvias que suelen amenazar las celebraciones dieron paso, esta vez, a una tarde despejada y soleada que permitió el desarrollo completo de los actos en honor al Cristo de la Vera Cruz.
La localidad de Genestacio de la Vega, enclavada en la comarca de La Bañeza, vivió una jornada de intensa participación popular con motivo de la festividad de una de las imágenes más veneradas de la zona, el Cristo de la Vera Cruz. Además, la celebración tuvo este año un significado especial al cumplirse 150 años desde que comenzó a celebrarse la novena al Cristo, tal y como refleja el Archivo Diocesano de Astorga. El buen tiempo favoreció la llegada de numerosos asistentes procedentes de distintos puntos de la provincia, que se sumaron a una celebración marcada por la devoción, la tradición y la convivencia vecinal.
Los actos religiosos comenzaron con una misa solemne, en la que vecinos y visitantes compartieron un ambiente de recogimiento y fe. Sin embargo, el momento más emotivo de la jornada llegó a partir de las 17:30 horas, con la celebración de la novena, el tradicional canto de las llagas y el rezo del rosario. Las mozas del pueblo, ataviadas para la ocasión, ofrecieron el ramo al Cristo mediante cantos cargados de sentimiento y peticiones por la lluvia y las buenas cosechas.
Posteriormente tuvo lugar la procesión, encabezada por los pendones de distintos pueblos vecinos, entre ellos Toralino, Brimeda y Quintana del Marco, además del propio estandarte de Genestacio. Tras ellos, desfiló la imagen del Cristo de la Vera Cruz, seguida del ramo y la talla de la Virgen del Rosario, ambas portadas a hombros por las jóvenes del pueblo.
El recorrido se dirigió primero hacia la ermita, donde las mozas interpretaron los tradicionales cánticos de despedida al Cristo ante la atenta mirada de los asistentes. Desde allí, la procesión regresó a la iglesia, donde se rindió homenaje a la Virgen con nuevos cantos.
Finalizados los actos religiosos, la plaza del templo se convirtió en punto de encuentro para la tradicional subasta del ramo, compuesto por rosquillas elaboradas por las vecinas del pueblo. En esta ocasión, el ramo fue adjudicado por 400 euros a un vecino del municipio.
La jornada concluyó con una merienda popular en un ambiente festivo y de hermandad, cerrando un día que volvió a unir tradición, fe y comunidad en Genestacio de la Vega.


















