El toledano Antonio Arteaga Pérez ha sido proclamado ganador del XIX Premio Nacional de Poesía Infantil Charo González por su obra La tormenta tiene miedo, tras el fallo adoptado ayer, 12 de agosto, por el jurado reunido en la sede de la Fundación Conrado Blanco, en La Bañeza.
El jurado calificador estuvo integrado por Mª Belén Martínez, ganadora de la XVIII edición, celebrada en 2025; Beatriz Abad; Julio Alberto Cendón; Luisa Arias, secretaria de la Fundación Conrado Blanco; y Herminia Barra, en calidad de secretaria y coordinadora. Mª Belén Martínez participó en las deliberaciones mediante videoconferencia desde Gijón.
En esta decimonovena edición se recibieron 76 trabajos, procedentes de España, Portugal, Argentina, Alemania, Francia, Cuba, Brasil y Chile. La participación española estuvo representada prácticamente por todas las provincias del país, confirmando la amplia implantación y proyección del certamen.
Tras sucesivas fases de revisión y selección, el jurado redujo las obras candidatas a 16 trabajos, que fueron sometidos a una valoración más detallada. Después de las correspondientes deliberaciones y votaciones sucesivas, resultó elegido el poema número 41, titulado La tormenta tiene miedo.
Una vez abierta la correspondiente plica, se conoció la identidad de su autor, Antonio Arteaga Pérez, natural de Toledo.
Un poema sobre la amistad y la resolución de conflictos
El jurado ha destacado especialmente la calidad literaria y el mensaje de la obra ganadora. La tormenta tiene miedo llamó su atención por la delicadeza de su lenguaje y la sensibilidad con la que aborda su tema, mediante hermosas imágenes y metáforas que aportan belleza y ritmo al conjunto.
Se trata de un romance compuesto por versos octosílabos, estructurado en estrofas que permiten enfatizar determinados momentos y acontecimientos del poema. La introducción del diálogo aporta además viveza, cercanía y dinamismo a la composición.
Uno de los aspectos más valorados por el jurado es el mensaje que transmite la obra. El poema presenta cómo la inocencia, la sencillez y la bondad de un niño son capaces de amainar la agresividad de una tormenta, que, significativamente, también aparece representada como una «tormenta chiquita». De este encuentro surge una relación de amistad entre el niño humano y la niña tormenta.
A través de esta historia, el poema traslada al lector una reflexión aplicable también a las relaciones humanas: los niños ofrecen un ejemplo de cómo afrontar los conflictos desde la amistad, la sencillez y una actitud positiva y constructiva. De este modo, la tormenta se convierte también en una metáfora de aquellos problemas y desencuentros que pueden «amainar» cuando se afrontan con una actitud adecuada.
El premio se entregará el 4 de septiembre
La entrega del XIX Premio Nacional de Poesía Infantil Charo González tendrá lugar el 4 de septiembre, en el Teatro Municipal de La Bañeza, durante la celebración del VI Recital de Poesía Infantil «Versos a Charo», acto en el que se rendirá homenaje a la poesía infantil y al legado de Charo González.
La tormenta tiene miedo_FINAL
La tormenta tiene miedo
Una tormenta chiquita
bajó temblando del cielo,
traía un traje de nubes
y unos zapatos de trueno.
Tenía miedo a las sombras
que duermen bajo los cedros,
y por no verse tan sola
lloraba gotas de espejo.
Rompieron a sollozar
sus pestañas de lucero,
y los campos se inundaron
con su asustado lamento.
Un niño desde su alcoba,
asomado al ancho cielo,
vio que la nube de felpa
tiritaba sobre el techo.
—¿Por qué tiemblas, nube gris?
¿Por qué derramas tu pelo?
—Es que una noche tan negra
me da muchísimo miedo.
No quiero asustar al nido
ni despertar al jilguero,
pero mi voz es de bronce
y mi relámpago, fuego.
El niño abrió la ventana,
le tendió un blanco pañuelo
hecho de espuma de leche
y de hilos de silencio.
—Ven aquí, tormenta fría,
deja tus rayos de hierro,
que yo te guardo la capa
en el cajón del recuerdo.
Le cantó una nana dulce
con sabor a caramelo,
una canción que dormía
a los osos de los cuentos.
La tormenta, poco a poco,
fue encogiendo su destello,
se volvió un chorro de risa,
un ovillo de revuelo.
Se acurrucó en la maceta
bajo un pijama de helecho,
y apagando sus centellas
se acunó sobre el alero.
Y cuando vino la aurora
con su vestido de viento,
encontró una flor de agua
donde durmió el trueno quieto.
















