Hace un año, la ciudad bañezana iniciaba sus fiestas con la mirada puesta en el fuego. El incendio de Molezuelas de la Carballeda había cruzado ya la frontera de Zamora y avanzaba por la provincia de León, obligando a evacuar a cientos de vecinos y convirtiendo a La Bañeza en uno de los principales puntos de acogida de los afectados.
Hoy se cumple un año de aquel día en el que La Bañeza comenzaba sus fiestas, pero lo hacía con una preocupación muy distinta a la habitual. Mientras la ciudad se preparaba para disfrutar de sus celebraciones, el incendio de Molezuelas de la Carballeda avanzaba sin dar tregua y el humo comenzaba a hacerse visible desde la localidad.
La situación obligó a cambiar las prioridades. La fiesta quedó en un segundo plano y la ciudad tuvo que ponerse manos a la obra para acoger a los vecinos de las localidades afectadas por las evacuaciones.
El pabellón municipal de La Bañeza comenzó a recibir a los primeros evacuados procedentes de San Félix de la Valdería, Calzada de la Valdería, Felechares, Pinilla de la Valdería, Pobladura de Yuso, Castrocalbón y San Esteban de Nogales. Hasta allí se desplazó Cruz Roja, encargada de coordinar parte del operativo y de atender las necesidades de los vecinos, especialmente ante las elevadas temperaturas que acompañaban aquellas jornadas.
La situación no dejaba de empeorar. Municipios como Nogarejas permanecían pendientes de las instrucciones de la Guardia Civil ante la posibilidad de tener que abandonar sus viviendas en cualquier momento.
Miles de vecinos afectados
El avance del incendio obligó finalmente a desalojar a alrededor de 1.700 vecinos de distintos municipios de la provincia de León, según informó entonces la Delegación Territorial de la Junta en León.
Entre los evacuados se contabilizaron 150 vecinos de San Félix de la Valdería, 100 de Pobladura de Yuso, 60 de Calzada de la Valdería, 100 de Felechares, 300 de Pinilla de la Valdería, 1.000 de Castrocalbón y 500 de San Esteban de Nogales. Los vecinos que necesitaron alojamiento fueron trasladados al pabellón municipal de La Bañeza.
Aquel mismo día, la situación en la provincia se complicaba todavía más. La Unidad Militar de Emergencias (UME) se desplegaba también en el incendio de Paradiña, mientras otros fuegos mantenían en vilo a diferentes zonas de León.
También se registraban problemas en las carreteras. La LE-111, a la altura de Nogarejas, permanecía cortada en ambos sentidos debido al humo y al polvo provocado por los incendios. En el Bierzo, la circulación también se veía afectada por la presencia de humo en la N-536, entre Carucedo y Priaranza del Bierzo.
La fiesta quedó en segundo plano
Con el paso de las horas, la preocupación crecía en La Bañeza. La ciudad que debía estar inmersa en sus fiestas se encontraba, en realidad, pendiente de la evolución de los incendios y de las necesidades de quienes habían tenido que abandonar sus casas.
Las calles y los espacios preparados para la celebración convivían con una realidad completamente diferente: familias evacuadas, vecinos esperando noticias, efectivos de emergencia trabajando sin descanso y voluntarios dispuestos a colaborar.
Fue un verano que dejó imágenes difíciles de olvidar y que se prolongó durante días. Un incendio que obligó a miles de personas a abandonar temporalmente sus hogares, que se cobró la vida de varias personas y que dejó una profunda huella en quienes lo vivieron de cerca.
Un año después, aquella pesadilla sigue presente en muchos corazones y en muchas cabezas. Y también permanece el recuerdo de cómo, cuando el fuego hizo que todo cambiara, La Bañeza dejó por un momento sus fiestas a un lado para convertirse en refugio, punto de encuentro y lugar de ayuda para quienes más lo necesitaban.
Doce meses después, la ciudad vuelve a mirar atrás. Las fiestas regresan, como cada año, pero aquel verano de humo, evacuaciones y solidaridad forma ya parte de la memoria colectiva de La Bañeza.
















